El valor del trabajo del luchador

Conteo de 20 segundos por Edrich Ballesteros

Todo trabajo es digno, mientras sea honesto, esa es una realidad que aplica a todos por general, y en la lucha libre, no puede ser la excepción.

Hoy en día, los aficionados disfrutan en diversas plazas de sus luchadores favoritos, la emoción de verlos programados con la frase “como los vio en televisión” hace que muchos corran por su boleto a la taquilla, no importa si es el boleto más caro, no importa si es en la parte más alta de la arena, no, lo que importa es que el ídolo llega y eso es motivo de emoción.

Llega el día, y entonces, vemos a nuestro ídolo llegar, viene cargando una maleta, esa que muchos de niños les cargamos a muchos luchadores con tal de poder entrar a la arena sin pagar el boleto, esa maleta que contiene cada uno de los instrumentos de trabajo del luchador, es decir, su equipo, sus botas, efectos personales, todo lo necesario para subir al ring y dar lo mejor de si, porque además de ser algo que lo llena, también es su trabajo.

Y la gente lo ve, lo sigue, busca una foto, un autógrafo, el saludo al menos o esa mirada cuando se le grita su nombre, y al final de la función, cuando las luces se apagan, hay una realidad que la gente no ve, y que tal vez si la supiera, su visión cambiaría, seguro para bien, de lo digno que es trabajar como luchador profesional.

Sería una mentira decir que de eso nadie vive, pues hay elementos que cobran muy bien por su trabajo, pero les ha costado un enorme sacrificio llegar a donde están, la gente no ve que previo a eso, el ídolo luchó contra toda dificultad y adversidad, desde lo más insignificante, hasta lo más importante, pero al final, logró ganar.

El luchador joven y con más sueños que recursos, busca un lugar dónde entrenar, ahí, se lastima, ahí se lesiona, ahí muchas veces su mente reflexionó si de verdad era lo que quería hacer el resto de su vida, ese gimnasio donde no todos los que ve uno ahí, dando maromas, brincando, y aprendiendo el arte del pancracio van a ser estrellas, esa es la realidad.

Así que lo primero que tiene que enfrentar el luchador, es el dolor, la decepción, la frustración y el coraje de ver como unos llegan antes a donde él ha soñado, pero una vez que supera esto, viene el siguiente problema, que es el establecerse en un lugar o empresa.

Y es como la vida de cualquiera al salir de la Universidad, podemos creer que habrá muchas personas esperando por nosotros, porque hemos demostrado tener talento, porque incluso, fuimos los mejores de la clase, donde nuestras calificaciones son excelentes, pero la realidad es otra, hay que buscar trabajo porque nadie nos está esperando, y lo mismo pasa con el luchador.

Entonces, por mucho talento que tenga, se verá en las primeras luchas, las de regalo, o quizás solo esté ahí, por si algún otro elemento programado no llega o no puede luchar, y es un trabajo, pero muchos promotores creen que les están haciendo un favor con tenerlos ahí, con el argumento de que “es para que agarren experiencia” así que muchas veces, ni les pagan, como si fuera una pasantía.

Muchos tienen otro oficio, muchos son profesionistas, muchos son estudiantes, así que tienen que dividir su tiempo para cumplir con sus responsabilidades, porque es la única forma en la que una persona puede salir adelante, porque quizás sea el camino más largo, pero el mas reconfortante cuando se llega a la cima.

Por eso, debemos agradecer al luchador, porque deja a un lado muchas veces, sus compromisos, porque debe faltar a la escuela, porque debe faltar a su otro trabajo, porque hay días especiales con su familia que no puede estar ahí, porque hay un compromiso, porque hay que cumplirlo, porque ese día estará luchando y se estará brindando por la gente que compró un boleto solo para verlo, eso es lo que mucha gente no quiere ver, pues creen que la vida del luchador es diferente a la de los demás, y no, al final, son personas como tú y como todos.

Ese ídolo que está ahí, sobre el ring, es un ser humano con problemas, tanto físicos, económicos, familiares, emocionales, y demás, pero sin embargo, ahí está, cumpliendo sus compromisos, dejando a un lado todos esos problemas para que en un ring de 6 x 6, la vida parezca otra, como si fuera un lugar donde nada importa más que el aplauso de la gente, y eso, hay que valorarlo.

La gente cree, que el luchador al terminar una función, tiene asegurado su transporte de regreso a casa, cree que ha cobrado mucho dinero por lo que hizo, cree que no hay dolor al terminar la lucha, pero la realidad es otra, y la gente no lo sabe, pero ser luchador implica muchos sacrificios, así que valoremos su trabajo, porque así como el aficionado hace un esfuerzo por comprar un boleto, el luchador se esfuerza no solo por hacer lo que sabe arriba del ring, sino que se esfuerza en desplazarse desde su casa, a lugares muy lejanos, otras regiones, otros estados, otros países, pero ahí está, cumpliendo porque es su trabajo.

Valoremos más, el trabajo del luchador, porque es digno, porque es honesto, pero sobre todo, porque muchas veces, lo mejor que se lleva a casa, es el recuerdo de esa gente gritando su nombre, recordándole que todo aquello que pasó hasta llegar a ese punto, ha valido la pena…

Charles Bronson Mexicano rodeado de los nuevos luchadores que entrenan en su gimnasio. Foto: Sergio Trejo

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